IDEAS Y ACCIÓN
ARTÍCULO DE: Salvador García Llanos
Acogió la ciudad, durante el primer fin de semana del presente mes, la segunda edición del festival internacional "Puerto de la Cruz en flor", promoción del Centro de Iniciati
vas y Turismo (CIT) cuya presidenta, Hortensia Hernández, manifestó los enormes esfuerzos que hubo de realizar la entidad para afrontar la convocatoria, casi para salvarla. Como con tantas otras cosas, salvada por la campana. La historia local, en efecto, está llena de unos cuantos ejemplos en los órdenes cultural, deportivo, lúdico o recreativo que sirvieron para medir la capacidad creativa de agentes sociales y hasta de individualidades que, con el paso del tiempo, se frustraron o no tuvieron continuidad por múltiples causas, desde la falta de ayudas oficiales, a la insensibilidad y tradicional desgana empresarial, pasando por la indolencia de los portuenses que, primero se quejan de que no se haga nada o se haga poco, y luego se inhiben. Curiosamente, su respuesta, si estas convocatorias se hacen en la capital o en otros municipios, es mucho más dinámica, siquiera sólo con su presencia.
Son plausibles todos los intentos de llevar a cabo iniciativas que produzcan un reclamo permanente. El Puerto necesita de actividades que, convenientemente agendadas a lo largo del año, atraigan el interés de los turistas que no sólo vienen en busca de sol y playa sino de la población nativa y de toda la isla que, especialmente los fines de semana, se viene hasta el Puerto en busca de asueto, de distracción, de espacio urbano apropiado para aprovechar el ocio o descanso.
Ha sido difícil sostener esos intentos, darles continuidad, por mucho voluntarismo que hayan aportado sus mentores. Y no sólo voluntarismo, porque hay también unas exigencias de profesionalidad que proporcionen entidad y hagan madurar la iniciativa. Van surgiendo y puede que no se esté a la altura. La incomprensión es otro de los factores que suele darse, principalmente en la fase de preparativos.
Hay sectores que, desde hace años, propugnan un gran acontecimiento con carácter anual. No dicen cuál -es difícil acertar, máxime en el Puerto- pero defienden ese planteamiento. Confían en que el Ayuntamiento sea el que avale, o el que se moje. Hasta ahora, incapaces de hacer un consorcio o una sociedad en que sea la administración local la que participe o figure como invitada, pero bueno, lo cierto es que abogan por esa convocatoria que constituya uno de los grandes reclamos promocionales del destino turístico. Seguramente, estarán pensando en el Festival Internacional de la Canción del Atlántico o en algún otro hecho que, en el pasado, dio lustre y pudo hacerse porque las circunstancias eran más favorables. Pero ahora son distintas y el consenso para realizar cualquier idea, muy difícil.
Porque esa es otra: si la idea no la hacen suya los portuenses desde el primer momento, si no se identifican con ella, malo. Cualquier cosa que se haga debe tener respaldo social que confiera cierta solidez a la estructura que vaya surgiendo y creciendo. Para eso hace falta que los emprendedores lo tengan claro desde el principio, asuman una cuota de riesgo en ese sentido y traten de traducir de la forma más eficaz su esfuerzo y su inversión. Es llamativo que las generaciones más jóvenes vinculadas a los sectores turístico y comercial no hayan dado aún con esa tecla, ni siquiera amparándose en la experiencia de sus antecesores. El Festival de Cine, una buena opción, sin duda, ni siquiera asumiendo una temática que teóricamente debe interesar a todos, pudo superar trece ediciones y su repesca parece no haber corrido mejor suerte. Mueca, aquel festival internacional de teatro en la calle, otra posibilidad. Son la prueba del nueve de cuanto escribimos.
No se trata, en todo caso, de plantear un dilema, es decir, si una convocatoria potente a lo largo de una semana del año o varias de menor magnitud que, convenientemente espaciadas, signifiquen una dinámica de actividades que, por su contenido, despierten también interés y sirvan para captar parte de mercados turísticos o de consumo interior. El dilema, en todo caso, es si pueden coexistir y aún antes si hay aceptación sin reservas de la primera fórmula cuyo contenido hay que madurar muy bien para no frustrar ni dar marcha atrás.
En cualquier caso, hay que actuar. La depresión de los últimos años ha acentuado un proceso de estancamiento de la ciudad que hay que superar. Ese es el objetivo. Se necesitan ideas y acción. No demos muchas vueltas más.
Acogió la ciudad, durante el primer fin de semana del presente mes, la segunda edición del festival internacional "Puerto de la Cruz en flor", promoción del Centro de Iniciati
vas y Turismo (CIT) cuya presidenta, Hortensia Hernández, manifestó los enormes esfuerzos que hubo de realizar la entidad para afrontar la convocatoria, casi para salvarla. Como con tantas otras cosas, salvada por la campana. La historia local, en efecto, está llena de unos cuantos ejemplos en los órdenes cultural, deportivo, lúdico o recreativo que sirvieron para medir la capacidad creativa de agentes sociales y hasta de individualidades que, con el paso del tiempo, se frustraron o no tuvieron continuidad por múltiples causas, desde la falta de ayudas oficiales, a la insensibilidad y tradicional desgana empresarial, pasando por la indolencia de los portuenses que, primero se quejan de que no se haga nada o se haga poco, y luego se inhiben. Curiosamente, su respuesta, si estas convocatorias se hacen en la capital o en otros municipios, es mucho más dinámica, siquiera sólo con su presencia.Son plausibles todos los intentos de llevar a cabo iniciativas que produzcan un reclamo permanente. El Puerto necesita de actividades que, convenientemente agendadas a lo largo del año, atraigan el interés de los turistas que no sólo vienen en busca de sol y playa sino de la población nativa y de toda la isla que, especialmente los fines de semana, se viene hasta el Puerto en busca de asueto, de distracción, de espacio urbano apropiado para aprovechar el ocio o descanso.
Ha sido difícil sostener esos intentos, darles continuidad, por mucho voluntarismo que hayan aportado sus mentores. Y no sólo voluntarismo, porque hay también unas exigencias de profesionalidad que proporcionen entidad y hagan madurar la iniciativa. Van surgiendo y puede que no se esté a la altura. La incomprensión es otro de los factores que suele darse, principalmente en la fase de preparativos.
Hay sectores que, desde hace años, propugnan un gran acontecimiento con carácter anual. No dicen cuál -es difícil acertar, máxime en el Puerto- pero defienden ese planteamiento. Confían en que el Ayuntamiento sea el que avale, o el que se moje. Hasta ahora, incapaces de hacer un consorcio o una sociedad en que sea la administración local la que participe o figure como invitada, pero bueno, lo cierto es que abogan por esa convocatoria que constituya uno de los grandes reclamos promocionales del destino turístico. Seguramente, estarán pensando en el Festival Internacional de la Canción del Atlántico o en algún otro hecho que, en el pasado, dio lustre y pudo hacerse porque las circunstancias eran más favorables. Pero ahora son distintas y el consenso para realizar cualquier idea, muy difícil.
Porque esa es otra: si la idea no la hacen suya los portuenses desde el primer momento, si no se identifican con ella, malo. Cualquier cosa que se haga debe tener respaldo social que confiera cierta solidez a la estructura que vaya surgiendo y creciendo. Para eso hace falta que los emprendedores lo tengan claro desde el principio, asuman una cuota de riesgo en ese sentido y traten de traducir de la forma más eficaz su esfuerzo y su inversión. Es llamativo que las generaciones más jóvenes vinculadas a los sectores turístico y comercial no hayan dado aún con esa tecla, ni siquiera amparándose en la experiencia de sus antecesores. El Festival de Cine, una buena opción, sin duda, ni siquiera asumiendo una temática que teóricamente debe interesar a todos, pudo superar trece ediciones y su repesca parece no haber corrido mejor suerte. Mueca, aquel festival internacional de teatro en la calle, otra posibilidad. Son la prueba del nueve de cuanto escribimos.
No se trata, en todo caso, de plantear un dilema, es decir, si una convocatoria potente a lo largo de una semana del año o varias de menor magnitud que, convenientemente espaciadas, signifiquen una dinámica de actividades que, por su contenido, despierten también interés y sirvan para captar parte de mercados turísticos o de consumo interior. El dilema, en todo caso, es si pueden coexistir y aún antes si hay aceptación sin reservas de la primera fórmula cuyo contenido hay que madurar muy bien para no frustrar ni dar marcha atrás.
En cualquier caso, hay que actuar. La depresión de los últimos años ha acentuado un proceso de estancamiento de la ciudad que hay que superar. Ese es el objetivo. Se necesitan ideas y acción. No demos muchas vueltas más.

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