lunes, 24 de mayo de 2010

ART. DE UN PORTUENSE,

LUKAS ES UN PERRO AMIGO y LEAL

ARTÍCULO DE: Celestino González Herreros

Siento en mis pies, cual aterciopelada caricia, el tibio contacto del dorso de su reposado cuerpo, que a poco se arrima más y más, como queriendo hacer notar su amorosa presencia, y, créanme, me halaga sobre manera su interesada y apacible aproximación. Mientras escribo siento a veces suaves golpes de su cabeza dándome en mi pierna y adivinando su mímica entiendo su mudo lenguaje, esos movimientos persistentes que a la vez hablan de sus necesidades perentorias: salir a la calle y correr por los lugares acostumbrados, siempre tratando de entender, al mirarme, mis acostumbradas recomendaciones, cuando autoritario y cariñosamente le digo: ¡NO! ¡Ahí no! Y con el debido raciocinio le indico dónde debe hacer sus necesidades fisiológicas...
Los dueños de los perros, antes que nada, debemos ser conscientes del peligro que supone, aparte del impacto negativo estético, ver las aceras y las calles, los paseos y veredas urbanas adornadas de tanta suciedad... Pero, alto ahí, es bueno que recuerden, que no es toda la suciedad que soportamos en la vía pública derivación de las heces fecales de esas castigadas e indefensas criaturas que son los perros. Ah que nadie habla de los esputos, las meadas de adultos y enajenados bípedos en los ocultos lugares que las sombras de la noche amparan y que al siguiente día, con la diáfana luz solar refulgen anunciando la insensatez humana hasta donde llega, de tan bajas conductas... Excreciones que por sus repugnantes apariencias no pueden ser de un perro. Cristales de botellas rotas, obra de lunáticos gamberros, y algunos desaprensivos alcohólicos. Bragas abandonadas... Preservativos usados en los lugares más visibles alevosamente colocados. Vomitadas antihigiénicas aquí o allá, por donde a la mañana siguiente nos vemos obligados a pasar cuando vamos a la lucha diaria los que laboramos; y lo que es más lamentable, los niños que van al colegio son los más sorprendidos y perjudicados...Ven sombreros, algún zapato y la clásica jeringuilla de insulina... para qué decir más. Y que me dicen ahora del odioso chicle y la mala costumbre, heredada de las lesivas influencias cinematográficas norteamericanas, de escupirlos al final de su acabada maceración. En cualquier momento y lugar. Y que lo pise el que venga detrás, y que se lo lleve a su casa pegado en las suelas de sus zapatos y que se joroben arrancándolo. Cuántas enfermedades transmiten esas gominas maceradas, ¿eso no lo ve la gente "preocupada" y nuestra Sanidad Regional? Y las colillas de los cigarrillos y demás derivados, ah no, mi perro, a pesar de ser un perro asistido reglamentariamente por los inteligentes servicios de un veterinario, es un cabal perro y de mí ha dependido y dependerá siempre, mientras vivamos, de que sea así.
Aún sigue a mi lado, y, ¡cómo me acompaña! ¡Y cómo le comprendo! Dentro de poco tiempo le saco a la calle, ya es su hora. Y me obliga a caminar, que a mi edad eso es bueno. Cuando me detengo hablar con alguien y socialmente me prestó al diálogo, me mira fijamente con esa expresión suya, tan natural, aunque resulte espontánea, que a todos por igual les caracteriza y, que con sólo un ladrido me anuncia cuál es el verdadero compromiso, te obliga a seguir caminando...
Yo pienso, cuando escucho o leo en algún medio informativo, que dicen tantas cosas adversas y por ende negativas de los indefensos perros, en lo poco considerados, para con ellos, que son algunas personas, cuando sabemos que muchas veces el hombre se escuda en esa indefensión, para manifestarse con toda su perversidad contra "ese noble muro blanco" en el cual, algunos señores descargan todos sus fracasos, ¿ah que sí?, y sus malévolos instintos, igual que si también levantaran su bella patita emulando al histórico y viejo can... Igual ocurre con las palomas y los gatos. Mañana, ¿cuáles serán los reos de turno? Qué diablos sucede, ¿acaso no entendemos que nada puede ser perfecto en esta corta pertenencia: la vida, y que nuestras impertinencias también molestan a los demás? En Italia, Francia y muchos más países, no acabaría nombrándolos a todos, sus bellas plazas públicas no serían tan atractivas y románticas sin sus abundantísimas y emblemáticas palomas y no es necesario viajar para comprobarlo, lo habréis visto desde vuestros cómodos hogares, a través de la televisión, los viejitos y los niños llevándoles migajas de pan o granos de algún cereal... A mí, particularmente, me emociona verles... O será que se trata de tener, o no tener sensibilidad humana hacia los poéticos influjos que nos depara la Naturaleza y su ecosistema, donde tenemos que convivir, quieras o no quieras.
Acabaron, prácticamente, con los bellos y hermosos gallos, hemos atentado indiscriminadamente, con el hábitat de las aves tan familiares como por ejemplo, la alpispa, las tórtolas, los tabobos, el capirote, el verdadero pájaro canario, el pinzón o pájaro azul del Teide, en fin, estamos acabando con todo, malogrando nuestra cultura y comprometiendo la civilización de nuestros pueblos canarios... ¡Hombre, por Dios! Ahora les ha dado por los perros, las palomas... Pero nadie dice nada de los destrozos que han hecho con nuestro patrimonio agrario, entre otras cosas. Con la escasa urbanidad en nuestras calles, e incluso en los propios hogares de tantas familias mal avenidas, desmoralizadas y "desconchadas"... Qué me van a decir de los perros, las palomas... Todo esto me parece intransigente y hasta ridículo. Ningún camello se ve su joroba, todos creemos que estamos en lo cierto respecto a nuestras íntimas apreciaciones, pero no es así. Por lo que a mí respecta, he decidido, ante todo, seguir aprendiendo de los demás que me sepan ilustrar, de la vida... Y educar cada vez mejor a mi querido perro, que haga su caquita en la tierra, donde no moleste a nadie... Ser amable con todo el que me quiera y espléndido con mi enemigo... Si alguien quiere que aprenda eso conmigo. Al final, un perro es un buen amigo, que hasta es capaz de defenderte de la mala "uva" que tienen dentro algunos...
Ya se está impacientando y se roza en las mangas de mi pantalón, me pisa las zapatillas y me mira... Ya comenzó a ladrar, es cierto, se está impacientando. Imagínense Uds., verse en el caso de él, aunque ya lo saqué por la mañana y a medio día, pero quién sabe los apuros del pobre animal en estos precisos momentos, así pues, les dejo. Que la noche está preciosa, las condiciones son óptimas para dar un paseíto, que buena falta me hace y así descansan aquellos que no quieren ni oír hablar de los perros...

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