CELEBRACIONES POPULARES
ARTÍCULO DE: Salvador García Llanos
Los portuenses salen a la calle, en plan celebración popular, en muy contadas ocasiones. Non son muchas
las oportunidades, ciertamente, de modo que se amparan en los mismos sentimientos que pueden inspirar a otros pueblos: los éxitos deportivos, por ejemplo, no importa que sean de equipos de fútbol de los que son aficionados prácticamente desde niños.
La plaza del Charco es el lugar preferido para esas celebraciones, como pueden ser Cibeles en Madrid o la plaza de Canaletas en Barcelona. Como lo fue la plaza de La Paz en Santa Cruz de Tenerife. O la de La Victoria, en Las Palmas de Gran Canaria. Cada ciudad, cada pueblo, tiene su peculiar núcleo de celebraciones. Por su carácter céntrico, por sus tradiciones, por sus antecedentes.
Y las celebraciones son salir con los coches a la calle, con banderas, bufandas, toallas y otras prendas, haciendo sonar los cláxones o con la música a todo volumen, posiblemente la del himno de algún equipo de fútbol. Los conductores recorren las calles, vienen de los barrios y terminan en el costado norte de la plaza del Charco, donde unos pocos metros antes, en los alrededores de una cervecería muy popular, se concentran los celebrantes que han venido sin vehículo. Hay personas de ambos sexos y de todas las edades. No faltan chapuzones en la pila del centro y los daños colaterales que sufre la siempre ponderada ñamera.
Durante unos años, cuando se podía circular por el contorno de las calles de la citada plaza, la diversión consistía en dar vueltas, en circular a su alrededor. Cuando el Club Deportivo Puerto Cruz de la época dorada ganaba sus títulos, sus dirigentes y los jugadores los paseaban alrededor de la plaza mientras los aficionados se acumulaban en los paseos o se concentraban en las cercanías de los desaparecidos bar “Capitán” y “Cinema Olympia”.
Claro que para paseo histórico, regodeándose, fue aquel que hicieron las viejas guaguas de “Transportes de Tenerife” que desplazaron a los aficionados del Real Unión de Tenerife, a los que no importó perder un encuentro en “El Peñón”, cuando luego pudieron cantar durante horas, alrededor de la plaza del Charco, la popular estrofa adaptada de una canción popular de los años sesenta del pasado siglo, alusiva a los domingos de fútbol:
“No hay en el mundo del dinero/ para comprar los colores/ los colores del Unión/ ni se compran ni se venden”.
Los aficionados unionistas, con esa estrofa, echaban en cara un resultado deportivo obtenido -con malas y tramposas artes, según todos los testimonios- por el equipo portuense en un partido disputado ante el Juventud Silense en el campo “Juan Valiente”.
Otros equipos locales, de categorías inferiores, han festejado también en los alrededores de la plaza del Charco por donde aún circulan los coches que desplazan a los ancianos y a los mayores en la festividad de San Cristóbal. El citado costado norte, por cierto, es el marco del “Mascarita, ponte tacón”, casi el único acto innovador del Carnaval portuense durante la democracia. Y esa zona, ya puestos, fue bautizada como “cacharródromo” al acoger a quienes aún se atreven con los cacharros en las vísperas de San Andrés cuyas tradiciones, allí mismo, se guardan con talleres y otras actividades etnográficas, educativas y culinarias.
La conquista de la última Champions League (Copa de Europa) por el F.C. Barcelona, el ascenso del Tenerife o el brillante campeonato de Europa logrado por la España de Luis Aragonés frente a Alemania han sido las últimas ‘grandes’ celebraciones populares de los portuenses, una parte de los cuales se lanzó a las calles próximas a la antigua Casa del Pueblo las noches electorales. En otras ocasiones, tras la investidura de alcaldes, la plaza de Europa también albergó concentraciones populares.
ARTÍCULO DE: Salvador García Llanos
Los portuenses salen a la calle, en plan celebración popular, en muy contadas ocasiones. Non son muchas
las oportunidades, ciertamente, de modo que se amparan en los mismos sentimientos que pueden inspirar a otros pueblos: los éxitos deportivos, por ejemplo, no importa que sean de equipos de fútbol de los que son aficionados prácticamente desde niños.La plaza del Charco es el lugar preferido para esas celebraciones, como pueden ser Cibeles en Madrid o la plaza de Canaletas en Barcelona. Como lo fue la plaza de La Paz en Santa Cruz de Tenerife. O la de La Victoria, en Las Palmas de Gran Canaria. Cada ciudad, cada pueblo, tiene su peculiar núcleo de celebraciones. Por su carácter céntrico, por sus tradiciones, por sus antecedentes.
Y las celebraciones son salir con los coches a la calle, con banderas, bufandas, toallas y otras prendas, haciendo sonar los cláxones o con la música a todo volumen, posiblemente la del himno de algún equipo de fútbol. Los conductores recorren las calles, vienen de los barrios y terminan en el costado norte de la plaza del Charco, donde unos pocos metros antes, en los alrededores de una cervecería muy popular, se concentran los celebrantes que han venido sin vehículo. Hay personas de ambos sexos y de todas las edades. No faltan chapuzones en la pila del centro y los daños colaterales que sufre la siempre ponderada ñamera.
Durante unos años, cuando se podía circular por el contorno de las calles de la citada plaza, la diversión consistía en dar vueltas, en circular a su alrededor. Cuando el Club Deportivo Puerto Cruz de la época dorada ganaba sus títulos, sus dirigentes y los jugadores los paseaban alrededor de la plaza mientras los aficionados se acumulaban en los paseos o se concentraban en las cercanías de los desaparecidos bar “Capitán” y “Cinema Olympia”.
Claro que para paseo histórico, regodeándose, fue aquel que hicieron las viejas guaguas de “Transportes de Tenerife” que desplazaron a los aficionados del Real Unión de Tenerife, a los que no importó perder un encuentro en “El Peñón”, cuando luego pudieron cantar durante horas, alrededor de la plaza del Charco, la popular estrofa adaptada de una canción popular de los años sesenta del pasado siglo, alusiva a los domingos de fútbol:
“No hay en el mundo del dinero/ para comprar los colores/ los colores del Unión/ ni se compran ni se venden”.
Los aficionados unionistas, con esa estrofa, echaban en cara un resultado deportivo obtenido -con malas y tramposas artes, según todos los testimonios- por el equipo portuense en un partido disputado ante el Juventud Silense en el campo “Juan Valiente”.
Otros equipos locales, de categorías inferiores, han festejado también en los alrededores de la plaza del Charco por donde aún circulan los coches que desplazan a los ancianos y a los mayores en la festividad de San Cristóbal. El citado costado norte, por cierto, es el marco del “Mascarita, ponte tacón”, casi el único acto innovador del Carnaval portuense durante la democracia. Y esa zona, ya puestos, fue bautizada como “cacharródromo” al acoger a quienes aún se atreven con los cacharros en las vísperas de San Andrés cuyas tradiciones, allí mismo, se guardan con talleres y otras actividades etnográficas, educativas y culinarias.
La conquista de la última Champions League (Copa de Europa) por el F.C. Barcelona, el ascenso del Tenerife o el brillante campeonato de Europa logrado por la España de Luis Aragonés frente a Alemania han sido las últimas ‘grandes’ celebraciones populares de los portuenses, una parte de los cuales se lanzó a las calles próximas a la antigua Casa del Pueblo las noches electorales. En otras ocasiones, tras la investidura de alcaldes, la plaza de Europa también albergó concentraciones populares.

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