CASOS Y COSAS DE MI ATRACTIVA CIUDAD
ARTÍCULO DE: Celestino González Herreros
A veces se le va a uno la vista donde no debiéramos mirar, para dejar la fiesta en paz y not
enernos que revelar contra aquello que evidencia no estar bien…
Yo que siempre he ponderado y a la vez he elogiado las estructuras e infraestructuras urbanas logradas con éxito en el bello marco de nuestra ciudad, las que forman parte y orgullo de nuestro portuense patrimonio, esta vez, lamentablemente, he de manifestarme negativamente respecto al Edificio de la Tercera Edad. Me ha sorprendido la supuesta poca sensibilidad de sus responsables más directos, como se supone son el edil o concejal del área correspondiente y la dirección del mismo, que seguramente no se han enterado de las “pésimas” condiciones en que están algunas partes del referido Centro..
No fue necesario entrar en el recinto para asesorarme más ampliamente.
Desde el paseo lateral del mismo, véase la trasera del edificio, lo que fuera la cancha del juego de bolas, petancas, completamente abandonada y por lo que se observa, destinada en la actualidad a basurero y despojos de mobiliarios inservibles: mesas, sillas, etc. Paradójicamente, recuerdo pasar por allí y quedarme un rato contemplando a los abuelos jugando afanosamente y a la vez ejercitando sus cuerpos y la mente. Y ahora, ¿porqué no? ¿Apatía? ¿Decidía?
Luego. el jardín que se puede ver desde ahí mismo, con un poco más de cariño estaría mejor .Y si de lo que se trata es que no hubiera dinero, no sería una razón justificativa de tal abandono. Eso es de todos los socios y entre unos y otros podrían echar una mano y les serviría de entretenimiento, que a nadie se le iban a caer los anillos. O dejemos las cosa como están… ¡Qué lástima! Lo mismo que la entrada principal, a su derecha, parece o ya lo es, un comprimido garaje comunitario… “Aquí lo pongo, aquí lo dejo”
Si. Pensaba entrar pero me desanimé. ¿Qué necesidad había de coger un berrinche y hacerme más extenso en mis observaciones? Mis lamentaciones…
Hace falta esto. Hace falta lo otro. Urge adecentar aquello y lo de más allá. Pintar. Barrer. Tapiar. Etc. Y luego ¿qué? Señores y señoras, hay que tener conciencia ciudadana, primero cuidar lo que se tiene y luego con ese ejemplo, contagiar la sensibilidad que toda comunidad necesita para poder exigir; o simplemente, solicitar todo aquello que nos enriquezca estética y socialmente. Se trata de un sentimiento especial del que muchas gentes adolecen, y que dando buenos ejemplos cívicos se logra convencer y que nos imiten.
Cerca de donde yo vivo hay un edificio enorme de grande, muchos millones de euros se habrán gastado en el y aún sin acabar la obra, ya están proliferando las clásicas pintadas de los “grafistas” decorando sus limpias paredes. Y no conformes con ello, revientan algunos cristales de escaparates y ventanas. ¡Qué locura!
Nuestra ciudad adolece de vigilancia policial nocturna, por el día se les ve más y si la hay es insuficiente. Hay que tener en cuenta las decenas de miles de visitantes y turistas que viven con nosotros y el movimiento de esos huéspedes inquietos en las noches alegres de Puerto de la Cruz. Por las calles circulan de todas las culturas e instintos subversivos con algunos cuatas de más… Y, ¿quién se les pone delante? Es necesario patrullar más asiduamente, por lo menos que se les vea, ya que eso impone algo de respeto. No digamos de aquellos señores que hacen sus necesidades fisiológicas donde les cuadre y les venga en ganas.
Nuestra ciudad es muy acogedora y permisible. Aquí vienen a gozar, a divertirse y eso sólo lo consiguen en nuestro ambiente turístico, lo que es muy bueno, sólo que hay quienes no saben divertirse sin molestar a los demás y el orden alguien tiene que ponerlo. Es a lo que me refiero.
ARTÍCULO DE: Celestino González Herreros
A veces se le va a uno la vista donde no debiéramos mirar, para dejar la fiesta en paz y not
enernos que revelar contra aquello que evidencia no estar bien…Yo que siempre he ponderado y a la vez he elogiado las estructuras e infraestructuras urbanas logradas con éxito en el bello marco de nuestra ciudad, las que forman parte y orgullo de nuestro portuense patrimonio, esta vez, lamentablemente, he de manifestarme negativamente respecto al Edificio de la Tercera Edad. Me ha sorprendido la supuesta poca sensibilidad de sus responsables más directos, como se supone son el edil o concejal del área correspondiente y la dirección del mismo, que seguramente no se han enterado de las “pésimas” condiciones en que están algunas partes del referido Centro..
No fue necesario entrar en el recinto para asesorarme más ampliamente.
Desde el paseo lateral del mismo, véase la trasera del edificio, lo que fuera la cancha del juego de bolas, petancas, completamente abandonada y por lo que se observa, destinada en la actualidad a basurero y despojos de mobiliarios inservibles: mesas, sillas, etc. Paradójicamente, recuerdo pasar por allí y quedarme un rato contemplando a los abuelos jugando afanosamente y a la vez ejercitando sus cuerpos y la mente. Y ahora, ¿porqué no? ¿Apatía? ¿Decidía?
Luego. el jardín que se puede ver desde ahí mismo, con un poco más de cariño estaría mejor .Y si de lo que se trata es que no hubiera dinero, no sería una razón justificativa de tal abandono. Eso es de todos los socios y entre unos y otros podrían echar una mano y les serviría de entretenimiento, que a nadie se le iban a caer los anillos. O dejemos las cosa como están… ¡Qué lástima! Lo mismo que la entrada principal, a su derecha, parece o ya lo es, un comprimido garaje comunitario… “Aquí lo pongo, aquí lo dejo”
Si. Pensaba entrar pero me desanimé. ¿Qué necesidad había de coger un berrinche y hacerme más extenso en mis observaciones? Mis lamentaciones…
Hace falta esto. Hace falta lo otro. Urge adecentar aquello y lo de más allá. Pintar. Barrer. Tapiar. Etc. Y luego ¿qué? Señores y señoras, hay que tener conciencia ciudadana, primero cuidar lo que se tiene y luego con ese ejemplo, contagiar la sensibilidad que toda comunidad necesita para poder exigir; o simplemente, solicitar todo aquello que nos enriquezca estética y socialmente. Se trata de un sentimiento especial del que muchas gentes adolecen, y que dando buenos ejemplos cívicos se logra convencer y que nos imiten.
Cerca de donde yo vivo hay un edificio enorme de grande, muchos millones de euros se habrán gastado en el y aún sin acabar la obra, ya están proliferando las clásicas pintadas de los “grafistas” decorando sus limpias paredes. Y no conformes con ello, revientan algunos cristales de escaparates y ventanas. ¡Qué locura!
Nuestra ciudad adolece de vigilancia policial nocturna, por el día se les ve más y si la hay es insuficiente. Hay que tener en cuenta las decenas de miles de visitantes y turistas que viven con nosotros y el movimiento de esos huéspedes inquietos en las noches alegres de Puerto de la Cruz. Por las calles circulan de todas las culturas e instintos subversivos con algunos cuatas de más… Y, ¿quién se les pone delante? Es necesario patrullar más asiduamente, por lo menos que se les vea, ya que eso impone algo de respeto. No digamos de aquellos señores que hacen sus necesidades fisiológicas donde les cuadre y les venga en ganas.
Nuestra ciudad es muy acogedora y permisible. Aquí vienen a gozar, a divertirse y eso sólo lo consiguen en nuestro ambiente turístico, lo que es muy bueno, sólo que hay quienes no saben divertirse sin molestar a los demás y el orden alguien tiene que ponerlo. Es a lo que me refiero.

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