jueves, 10 de junio de 2010

LOS REALEJOS AL DÍA,

NECROLÓGICA

EN EL ÚLTIMO ADIÓS A DON MARIO HERNÁNDEZ SIVERIO

ARTÍCULO DE: Esteban Domínguez

Si Los Realejos y la gran familia de don Mario Hernández Sivero esta de luto, también lo están los mucho gomeros que le conocieron en la Isla Colombina, porque don Mario, colaborador inagotable de EL DIA, nos habló y difundió a los cuatro puntos cardinales, las historia de La Gomera y de los gomeros en la páginas de LA PRENSA.
Hoy y una vez más los realejeros que le conocimos, nos embarga la triste perdida de una persona muy querida como lo era don Mario. Nadie tuvo una queja de él. Fue un excelente profesor, y en estos momentos, su esposa y sus hijas, sienten mejor que nadie la perdida de este ser querido que nos dejó a los 90 años de edad.
Hermano de la Venerable Hermandad del Santísimo Sacramento y de la Venerable de la Cofradía de Ntra. Sra. del Carmen, y uno de nuestros más fervientes conocedores de nuestra historia local.
Llegó a La isla de La Gomera, donde estuvo muchos años impartiendo clases en los colegios de aquella isla, en la cual vivió y conoció paso a paso. Allí dejó parte de su vida en la decencia, e hizo grandes amigos.
Escribió –me comentaba- un libro de su querida Isla Colombina, que entregó al Cabildo Insular, para su publicación en el año 1990, y que nunca le publicaron, ni le dieron importancia los políticos de aquellos años. Pero recibió un importante premio la de compañía Freden Olsen si mal no recuerdo: la Insignia de Oro y Brillantes a la labor divulgadora que don Mario realizó durante muchos años sobre la Isla de La Gomera, y su importancia en el mundo en el periódico EL DIA, artículos que llenaron de orgullo a miles de gomeros y que bien le supieron agradecer los más nobles.
Don Mario Hernández Siverio fue una persona muy mariana, y dejó importantes trabajos en revistas y programas de fiestas, sobre la vida y la devoción que siempre sentía por la Madre de Dios.
Su muerte nos ha sorprendido. Y tenía por costumbre enramar el trono del Corpus de la parroquia de La Concepción del Realejo Bajo. Costumbre heredada de sus padres. Y como si se tratara de una flor más, don Mario murió y su cuerpo estaba presente el Domingo día 5 de junio cuando la iglesia festejaba con gran solemnidad, la Festividad del Corpus Christi. Pero a pesar de ello, las flores que el acostumbraba a llevar a su parroquia para adornar el Trono del Corpus, fueron puntuales; su esposa e hijas cumplieron los deseos de sus abuelos y de sus padres y lo seguirán haciendo con este sencillo homenaje a la Sagrada Forma.
Curioso resulta que Don Mario entregara su cuerpo a Dios, en la Festividad de Corpus, y es que para Dios, nada hay imposible. Flores que no fallan, y llamada de Dios en unas fechas tan importantes para su estimada familia.
También la Gomera ha llorado la muerte de don Mario, la isla hermana la que amó hasta es extremo. De La Gomera, don Mario nos dio sabias lecciones, y en las hemerotecas existen importantes trabajos que don Mario semanalmente dedicada a La Gomera con el mayor cariño del mundo.
El quiso difundir a la Isla colombina, y lo hizo siempre con el mayor agrado, pero nunca en La Gomera lo tuvieron en cuenta los políticos de la isla, ni tampoco en nuestro municipio. Él nunca pedía premios, ni medallas ni distinciones. ¡Que pena que un hombre que llevaba en su corazón a su pueblo natal: Los Realejos, y del mismo modo a La Gomera, tenga que morir para que se valoren sus buenas obras!
Vaya para su esposa y sus hijas, nuestro más profundo sentimiento, porque don Mario era un amigo de los de verdad. Siempre correcto y respetable, amante de su pueblo y de sus tradiciones. Amante y amigo de La Gomera y sus costumbres, a la que supo elevar a lo mas alto sin ser reconocido. ¡Que pena!
Para él, el mejor reconocimiento es la oración por su alma, y de seguro que S.D.M seguirá recibiendo de manos de su esposa e hijas las mas bellas flores para adornar el trono de la Sagrada Forma.
Que en paz descanse para siempre y en la memoria de todos, el cuerpo del entrañable amigo Mario Hernández Siverio.

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