ARTÍCULO DE: Lorenzo de Ara Rodríguez
China es ya la segunda economía mundial. Superada solo por Estados Unidos, la nueva superpotencia acabará avasallando a yanquilkandia antes de 2020. Japón, con ese y
en siempre fuerte y altivo, desciende a la tercera posición.Mientras el imperio del sol naciente crece de manera raquítica, los chinos del mandarín reluciente avanzan a un ritmo frenético. Alemania no puede salvar al mundo, aunque crezca más de un dos por ciento, para sorpresa de muchos. El resto de la Europa rica y opulenta se arrastra por las cifras de un crecimiento farragoso, y España, paupérrima y radicalizada ideológicamente, es una sombra de lo que fue en la era Aznar.
La consolidación de China como la segunda economía mundial es una mala noticia para Occidente. Todo se pone en peligro con ese gigantismo chino. El despertar de más de 1.500 millones de chinos sojuzgados por la maquinaria comunista hace que el resto del mundo se sumerja en una pesadilla infinita.
Hablamos de una dictadura. Hablamos de un PCCh que lo controla todo. Hablamos de una economía que pasa por alto los atropellos al ser humano, y carece de valor y cultura democrática para frenar los atentados medioambientales del insaciable monstruo. ¿Se ignora que China es hoy un peligro ecológico para el mundo? No, lo que sucede es que Occidente le tiene miedo a China. No sabe cómo parar ese avance atropellado e insensible. En definitiva, Occidente debe unirse para que ese poderío chino, también diplomático y militar, no nos arrastre hacia un conflicto de mayores consecuencias.
Nadie desea un mundo pobre, pero esa China, fantasmagóricamente rica, es un peligro real para la paz mundial. Al tiempo.
Otro peligro, tal vez menos popular, pero igualmente latente, es el que ha surgido con el enfriamiento de las relaciones entre Turquía e Israel. Hace pocas fechas expresaba abiertamente mi preocupación por el deslizamiento del gobierno turco hacia posiciones radicales. Erdogan, islamista moderado (¿), ejecuta una política peligrosa hacia Israel. Y con deleite.
La administración Obama ya ha advertido a Erdogan. O cambia esa postura o dejarán de suministrarle armas. Turquía se tiene que reconciliar con Israel y, de paso, alejarse de Irán.
Mientras Estados Unidos toma cartas en el asunto, los europeos, sin diplomacia común, vuelven a quedar empequeñecidos y ridiculizados por la realidad. Nada sabemos de Francia y del Reino Unido en este asunto. No se les espera.
Occidente tiene muchos fuegos sin controlar. Rusia es un guirigay democrático. La locomotora china ha pasado por encima de la occidentalizada sociedad nipona. Israel no consigue el apoyo necesario y justo de los cobardes aliados. Estados Unidos, con Barak Husein Obama al frente, ya muestra signos de una debilidad global. Nuevos muros levantados por las satrapías del siglo XXI pretenden una vez más acabar con la libertad de Occidente.

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