CADÁVER
ARTÍCULO DE: Lorenzo de Ara Rodríguez
¿Por qué tanto tormento? ¿Por qué tanta humillación? ¿Hasta cuándo? Lo que le pasa a España –a la Roja también- no es siARmilar al martirio de Job. Pero somos un pueblo que n
o merece tanto dolor, tanto calvario, tanto senderismo por el Gólgota. ¿O sí?
Zapatero es un gobernador romano que se entretiene mortificándonos. Pone su bota roja y soviética en nuestro suelo, y con fuerza arranca lo que él considera mala hierba. Arrasa con todo y a todos nos pone en fila. Nos tiene marcados.
La derrota de España –también la de la Roja- es humillante. Nos han ganado por goleada. Después de varios años de gobierno radical de izquierdas, los españoles vagamos por un campo de concentración donde apenas hay comida, agua, presente y, mucho menos, futuro. Y todo porque un mal gobierno se ha empeñado en alargar el sufrimiento, la locura, la soledad.
Todavía recuerdo aquellos comentarios en el extranjero: “Seremos más ricos que Italia, más ricos que Francia, más ricos que Alemania. “Jugamos en la Liga de los Campeones, somos los favoritos y los más guapos”. O algo así. Todavía recuerdo al gobernador romano asegurar que no había crisis. Todavía recuerdo sus palabras, asegurando que, aunque había crisis, saldríamos de ella con más fuerza y mejor situados que el resto de competidores. Todavía.
Los vikingos, además de guerrear –sin ejército organizado-, también dedicaban mucho tiempo a la granja, a componer poemas, a celebrar fiestas que duraban días. Fueron comerciantes y excelentes marinos. Luego se entretenían marchando de excursión por algunas partes de Europa. Zapatero recuerda a uno de esos nobles vikingos. Cuando se aburre, se monta en el barco –la barcaza socialista-, con un único objetivo: arrasar.
Recomiendo la lectura del libro de Job. En él se lee: “¡Se me ha agotado el aliento, se han extinguido mis días, sólo me queda el sepulcro!”. España está siendo arrinconada en la historia. Una vez más, el arrinconamiento se ejecuta desde el interior. Atávicamente.
España y la Roja han perdido. En Europa, en el mundo, ya están a otra cosa. No interesa nada de lo que diga el césar ibérico. Ni siquiera lo que calla.
Los socialistas en el poder se encargan de acelerar el proceso de putrefacción. La sociedad, -españolitos y españolitas de medio pelo-, se pavonean por la miseria con un prestigio carnavalesco.
El cadáver es arrogante.
Un infinito Ariel Sigler tiene más valor para el mundo que la agonía de un déspota sin crédito.
ARTÍCULO DE: Lorenzo de Ara Rodríguez
¿Por qué tanto tormento? ¿Por qué tanta humillación? ¿Hasta cuándo? Lo que le pasa a España –a la Roja también- no es siARmilar al martirio de Job. Pero somos un pueblo que n
o merece tanto dolor, tanto calvario, tanto senderismo por el Gólgota. ¿O sí?Zapatero es un gobernador romano que se entretiene mortificándonos. Pone su bota roja y soviética en nuestro suelo, y con fuerza arranca lo que él considera mala hierba. Arrasa con todo y a todos nos pone en fila. Nos tiene marcados.
La derrota de España –también la de la Roja- es humillante. Nos han ganado por goleada. Después de varios años de gobierno radical de izquierdas, los españoles vagamos por un campo de concentración donde apenas hay comida, agua, presente y, mucho menos, futuro. Y todo porque un mal gobierno se ha empeñado en alargar el sufrimiento, la locura, la soledad.
Todavía recuerdo aquellos comentarios en el extranjero: “Seremos más ricos que Italia, más ricos que Francia, más ricos que Alemania. “Jugamos en la Liga de los Campeones, somos los favoritos y los más guapos”. O algo así. Todavía recuerdo al gobernador romano asegurar que no había crisis. Todavía recuerdo sus palabras, asegurando que, aunque había crisis, saldríamos de ella con más fuerza y mejor situados que el resto de competidores. Todavía.
Los vikingos, además de guerrear –sin ejército organizado-, también dedicaban mucho tiempo a la granja, a componer poemas, a celebrar fiestas que duraban días. Fueron comerciantes y excelentes marinos. Luego se entretenían marchando de excursión por algunas partes de Europa. Zapatero recuerda a uno de esos nobles vikingos. Cuando se aburre, se monta en el barco –la barcaza socialista-, con un único objetivo: arrasar.
Recomiendo la lectura del libro de Job. En él se lee: “¡Se me ha agotado el aliento, se han extinguido mis días, sólo me queda el sepulcro!”. España está siendo arrinconada en la historia. Una vez más, el arrinconamiento se ejecuta desde el interior. Atávicamente.
España y la Roja han perdido. En Europa, en el mundo, ya están a otra cosa. No interesa nada de lo que diga el césar ibérico. Ni siquiera lo que calla.
Los socialistas en el poder se encargan de acelerar el proceso de putrefacción. La sociedad, -españolitos y españolitas de medio pelo-, se pavonean por la miseria con un prestigio carnavalesco.
El cadáver es arrogante.
Un infinito Ariel Sigler tiene más valor para el mundo que la agonía de un déspota sin crédito.

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